
A la hora de agradecer uno se pone torpe, no salen exactas las palabras, teme olvidarse de alguien, y en mi caso particular trato de expresarlo personalmente, pero hoy, muy cerca del estreno de Pelícano y después de casi un año de trabajo, necesito compartir los nombres de las personas en quiénes me apoyé y fueron parte fundamental en este proceso para que haya podido llegar hasta acá.
En lo profesional:
Federico Schneider, que allá por agosto del 2008 dijo que sí a trabajar conmigo, sin saber siquiera cuál era su personaje, ni adónde ibamos a estrenar, y sin preguntar nada, ahí estaba confiando en el proyecto y poniéndole una energía contagiosa; gracias Fede por tu amistad, por tu trabajo en equipo, por tu compromiso.
Natalia Fernández Acquier, también Nati está desde el principio, pero el agradecimiento hacia ella es doble, porque Natalia es actriz, y resignó ese rol para acompañarme desde la asistencia, sólo porque se lo pedí, porque necesitaba su mirada al lado de la mía, y así fue: su aporte, como lo esperaba, fue agudo, inteligente, contenedor. Gracias, deseo que hagamos un largo camino juntas.
Eduardo Spindola, el creador y responsable de Querida Elena, que nos abrió las puertas desde el comienzo, apostando al teatro en equipo, a trabajar relajados, a permitir que los grupos ensayen en el espacio donde se va a estrenar, a facilitar la producción sin ir en desmedro de la calidad; creo que estar en esta sala es un privilegio, y un profundo estímulo para continuar...
A mis docentes, muchas gracias a cada uno de ellos, porque de cada uno sé que sumé algo a mi formación: recuerdo aquellos primeros talleres con Kado Kostzer, a los que siguieron luego los que realicé con María Mensi, Luciano Suardi, Eduardo Safigueroa, Héctor Calmet, Lorenzo Quinteros, Laurent Berger, Alejandro Tantanian, Cristian Drut y Laura Silva.
Pero hoy especialmente quiero agradecer a los que estuvieron muy cerca en esta etapa:
Laura Silva, iniciándome en algo que yo pensé que jamás podría realizar: la dramaturgia de Pelícano, dándome las armas para que pueda tomar decisiones, supervisando desde su conocimiento y aportando desde su generoso afecto.
Luciano Suardi, a quién yo considero mi maestro de dirección, porque no se necesitan años para constituirse en su alumna, la intensidad de sus enseñanzas abrieron para mi ese camino para siempre. Y en la actualidad, que sigo formándome con él, Luciano sigue siendo tan claro e impreciso como yo creo que un maestro debe ser, acompañando mis dudas y haciéndome dudar de mis certezas. Sus palabras, cada vez que lo consulté sobre Pelícano, sacaron presión a este rol de dirigir, y crearon un espacio de responsabilidad y disfrute al mismo tiempo.
María Mensi, qué decir de María? es mi amiga desde hace más de veinte años, y es quién me transmitió todo lo que sé hasta ahora, enseñándome que las enciclopedias son para los estantes, que el conocimiento es otra cosa, que el goce por acceder al conocimiento complejo no se compara casi, con nada... y ahí estoy tratando en alguna medida de poner en práctica en mi vida y en el teatro, aquello que se encuentra justo entre su enseñanza y mi aprendizaje.
A todo el equipo de arte y a los actores, sin ellos, sin su entrega, su responsabilidad, su profesionalismo, no existiría Pelícano; pero principalmente quiero agradecer la conformación del grupo como tal, que compartió todos estos meses, con respeto y afecto por el otro.
En lo personal:
Andrés Eraso, mi compañero de toda la vida, y nunca tan bien utilizada la palabra compañero. Sin él ahí siempre apoyándome, incentivándome, ocupándose de lo que yo descuido y pasando por alto mis ausencias, sin él siempre cerca cuando lo busco con la mirada, sinceramente sí que no podría...
Mi hija Paula, que desde su amor incondicional, me ayuda a que pueda dedicarme a pleno a ésto. No sé si ella comprenderá alguna vez lo importante que es este gesto para mi.
Pido disculpas por la licencia que me tomé de escribir estas cosas personales en el blog, porque en la vida, como en el teatro, nada puede hacerse sola.
mónica benavidez

Me emocionó mucho todo lo que escribiste y no sólo lo que decís de mí, sino de todos. Pero sobre todo me emociona tu capacidad de aprendizaje, de creatividad, de acción y de HABER LOGRADO "YA" SIN MÁS, LO QUE SOÑASTE, PORQUE ESTAS COSAS NO SON METAS, SON SUEÑOS.
ResponderSuprimirMaría Mensi