| 12/08/2009 - 20:08:39 - María Santos |
El deseo va minando las escenas,capturándolo todo; estos sujetos de códigos binarios que no conocen lugares intermedios terminan cayendo al abismo, literalmente. El plano simbólico no puede ser habitado, las ideas y deseos son llevados al acto. Tal vez entre el frío y el fuego,la ausencia y la muerte, existan estadíos intermedios mediados por el lenguaje, pero los sujetos de Pelícano se expresan a partir de la fisonomía.
La ética de la obra sentencia que todo se puede, nada es dado ni natural, pero la as consecuencias de comprobarlo son caras.
La Directora ubica los dramas de una manera extraordinaria, cual espejo de dos o tres caras las líneas narrativas chocan contra las cuatro paredes generándonos impotencia y silencio.
La puesta en escena describe lo cultural de la maternidad y también nos acerca un desafío: ¿cómo denominar al ejercicio de ser hijos?, ¿cómo soportar la angustia de ser no deseado?.
http://www.alternativateatral.com/opinion_publico.asp?modo=parcial&codigo_obra=14260

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