Strindberg después de Pelícano. Nota diario Clarín por Juan José Santillán.

TEATRO
El reino de la palabra

Para echar raíces en una historia probada o para salir de ahí disparados hacia otros territorios, pero lo cierto es que la cartelera porteña está recorrida por los nombres de siempre: Eurípides, Sófocles, Esquilo, Shakespeare, Ibsen, Strindberg. Aquí, los hacedores hablan de las dificultades y desafíos de un clásico.

Por: Juan José Santillán

Es una constante de cada temporada la revalorización de textos clásicos en distintos circuitos de producción teatral de Buenos Aires. En el último tramo de 2009 se
establecieron en la cartelera porteña una serie de espectáculos que abordan estos materiales. Eurípides, Sófocles, Esquilo; Shakespeare, Ibsen, Strindberg son sólo algunos de ellos. La diversidad en la forma de trabajar y concebir las adaptaciones abre un arco de posibilidades para pensar la puesta en escena actual de estos textos. En este recorte se propone un acercamiento a determinadas decisiones sobre la traducción y las versiones; tanto como propuestas de dirección y el trabajo interpretativo de los actores. También, algunos entrevistados reflexionan sobre el vínculo y la convención que pueden plantear estos espectáculos con un espectador contemporáneo.

Desde Medea, según Pompeyo Audivert y Cristina Banegas en el teatro oficial; Antígonas, de Alberto Muñoz con dirección de Leonor Manso; pasando por la experiencia de Los Persas, por Gonzálo Córdova en ElKafka Teatro. De allí, un salto a Rey Lear, en la versión de Lautaro Vilo con puesta en escena y dirección de Rubén Szuchmacher y el protagónico de Alfredo Alcón.

Por otro lado, se reseña brevemente el particular procedimiento de reescritura de Daniel Veronese quien, luego de haber adaptado a Chéjov, este año estrenó dos versiones muy propias de Ibsen. A esto se suma el abordaje de Mónica Benavídez de Strindberg en una antigua casona de la Boca.


Strindberg












STRINDBERG EN EL BARRIO DE LA BOCA.

Pensar el espacio

En "Querida Elena, Sencillas artes" una bella casona en el barrio de la Boca, Mónica Benavídez montó su versión de Pelícano, de August Strindberg. "El diálogo con el espacio fue una de las bases del trabajo de puesta -explica la directora- quería un espacio que rescatase el espíritu del teatro de cámara o intimista, para el cual se había concebido Pelícano. Entonces la relación espacio escénico y platea debía darse en dimensiones reducidas. Además se orientó la búsqueda para encontrar un elemento que pudiese ser funcional a la síntesis para este texto de la etapa expresionista de Strindberg, algo que hallamos en la leña." Y así fue. En la escena crearon un muro, que los actores rompen a medida que se desarrolla el espectáculo, con toneladas de leña. En referencia al texto y el modo en que decidieron concretar la adaptación, dice Benavídez que "trabajamos con varias traducciones de manera simultánea. Luego buscamos vaciar el texto de toda temporalidad, para que la actualización la pueda generar el espectador. Lo que se buscaba era encontrar lo esencial de la condición humana. Por todo eso, no quisimos intervenir con nuestra visión el texto original".

Nota Completa

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